LA HIJA OLVIDADA DE PABLO NERUDA

Lo cierto es que tenía pensado hablar de otro tema, pero como acabamos de celebrar el día del padre he cambiado de idea y voy a escribir, y desmitificar, la figura de un premio Nobel. Como poeta fue una eminencia, pero como persona se me cayó del pino cuando me enteré de lo injusto y cruel que fue con su propia hija, a quien repudió por nacer con una deformidad. Me refiero nada más y nada menos que al gran Pablo Neruda.

A este escritor, de cuyo puño y pluma han salido las más bellas y mágicas palabras, le gustaba la juerga más que los Chupa Chups a los niños. Pero no critico este detalle, porque que levante la mano aquel que en su juventud no le haya gustado divertirse o salir de farra hasta tan altas horas que hacía necesario ponerse las gafas de sol antes de entrar en casa. Unos más y otros menos, pero todos hemos caído alguna vez.

HISTORIA DE UN POETA

Comenzó su larga carrera diplomática a la edad de veintitrés años y en 1930, mientras era cónsul de Chile en Java, se casó con Maruca, una preciosa isleña. Al poco de la boda lo trasladaron de nuevo a su país y, sin remedio, volvió a su antigua vida licenciosa y desenfrenada. He dicho sin remedio porque las malas lenguas culpan a Neruda de padecer satiriasis, deseo sexual exacerbado. Vamos a dejarlo en «presunto hipersexual». Pero sigo, que aquí tengo números de desviarme del tema.

El matrimonio comenzó a hacer aguas y, para evitar el naufragio, el insigne escritor solicitó el traslado a Madrid; en ese momento ciudad vanguardista en plena ebullición cultural, científica y artística. La generación del 27 lo acogió como uno más y se integró e intimó con autores de la talla de Federico García Lorca, Rafael Alberti y Vicente Aleixandre. Para colmo de bienes lo ascienden a cónsul general y en 1934 su esposa da a luz a su primera hija, Malva Marina.

Cuenta Vicente Aleixandre que, tras ver a la recién nacida y escuchar en palabras de Neruda lo maravillosa que era su pequeña, quedó horrorizado ante la negación de lo evidente por parte del padre. El propio Aleixandre la describió como: «una cabeza feroz, crecida sin piedad». En los primeros momentos Neruda no quiso ser consciente de que su hija padecía una brutal hidrocefalia.

Pero esta inopia le duró días y enseguida se impuso la realidad. ¿Qué hizo? Pues escoger el camino fácil: mirar para otro lado y volver a su vida de crápula. No me quiero ni imaginar la angustia por la que pasaría Maruca: sola, en un país desconocido, con un bebé enfermo y con un marido al que vería de refilón algún que otro amanecer.

Con el principio de la guerra civil, en 1936, la familia se trasladó a Mónaco. Pero allí, cuando Malva Marina contaba dos años de edad, las abandonó definitivamente y se fue a vivir con otra mujer, una tal «Hormiguita», con quien parece que el romance ya venía de largo.

Maruca, en la más absoluta de las miserias y con la niña a cuestas, cruzó toda Francia y se instaló en Gouda, un pueblo de Holanda.
Allí trabajó en lo que pudo y sacó a su hija adelante pasando hambre y penurias. Escribe varias veces a su marido suplicando ayuda económica. Es más, en una de sus últimas cartas le informa de que está empleando los últimos céntimos que le quedaban en enviársela, pero Pablo, siguiendo las directrices de una mezquindad sin límites, dio la callada por respuesta.

Malva Marina solo vivió ocho años, ocho años en los que no conoció el amor de un padre ni la opulencia en la que vivió el suyo. Claro que su amorfa cabeza nunca se dio cuenta de la soledad y el desamparo en que las dejó, a ella y a su madre, el célebre don Pablo Neruda. ¿O tal vez sí? Si una lagartija siente la tibieza del sol, ¿por qué una mente, aunque atrofiada, no va a sentir el contacto de la ternura? Mi respuesta es que Malva Marina vivió ocho en el dolor y, por desgracia, se dio cuenta.
¿Y qué hizo el insigne Pablo Neruda cuando se enteró de su muerte? Lo que todo buen egoísta: nada. Seguir con su fascinante vida y hacer como que su hija nunca hubiese existido.

Y este hombre es el aclamado Pablo Neruda, el mismo que escribió Cien sonetos de amor.

La pregunta que lanzo al viento es: ¿con qué escribía este poeta? ¿Tenía una cabeza tan privilegiada que era capaz de sentir con unos sentimientos que no eran los suyos? Intuyo que la respuesta se encuentra en la capacidad de abstracción. Estaría tan enamorado de la belleza que cualquier elemento que entorpeciese su visión lo apartaría con el poder de su mente y lo dejaría encerrado «for ever and ever» en algún pliegue de su masa encefálica.

MUCHOS HOMBRES BUENOS

No quiero terminar este post con el mal sabor de boca que deja esta historia, y voy a hablar de padres abnegados que lo dan todo por sus hijos. El primero que me viene a la cabeza es Vicente del Bosque. Su hijo tiene síndrome de Down y lo ha paseado por medio planeta, incluso se le ha visto levantando la copa del mundo de fútbol, tratando de que Álvaro, que así se llama el chico, sea lo más feliz posible.

Pero no solo eso, además de afirmar que su hijo es una bendición, confiesa que la principal razón de su personalidad, humilde y cálida, se debe a la difícil situación que tuvo que afrontar al verle la carita a su bebé, que le enseño a relativizar las cosas y a dejarse llevar por la tranquilidad que siempre le acompaña.

Quiero añadir que también conozco y admiro a algunos padres anónimos que, con cara de agotados y sin perder el buen humor, llevan en brazos a sus hijos con parálisis cerebral. He visto su sacrificio, pero también su felicidad al notar la sonrisa de sus niños ante una caricia o una palabra dicha en un tono afectuoso. Personalmente se me hincha el corazón cuando una niña que se llama Mar me sonríe desde su lejanía, estoy convencida de que me reconoce. Así que la satisfacción de su padre debe ser infinita.

Por ellos, y por todos los hombres buenos del mundo, merece la pena seguir creyendo en el género masculino. Así que sigamos celebrando el día del padre.

Comentarios
  • Aga López
    Responder

    He leído mucho a Neruda pero desconocía esta atroz historia de su vida. Comparto contigo en que aunque no se tenga raciocinio los sentimientos,las palabras, las caricias las deben de sentir y muy en su interior agradecer.
    Con respecto a nuestro gran Vicente del Bosque si estuviera en Inglaterra le hubieran dado el título de Sir.
    Muchas gracias por ilustrarnos.

    • Eugenia Dalmau
      Responder

      Es que resulta increíble que el hombre que defendió a los desposeídos, la paz,la justicia y la libertad fuese capaz de cometer semejante crueldad. Me ha supuesto una gran decepción. Y tengo clarísimo que cualquier ser humano, por muy lento o mal que le funcione el cerebro, es capaz de sentir y agradecer el cariño.
      Para poner el contrapunto Vicente del Bosque, que se enorgullece de su hijo, ha sido el primero que me ha venido a la cabeza, pero hay muchos otros que no ocultan la enfermedad de su hijo, y además tratan de concienciar a la sociedad.
      Gracias, José, por tu comentario.

  • INMACULADA Domingo Torres
    Responder

    Cómo siempre sin pelos en la lengua 😉

    • Eugenia Dalmau
      Responder

      Es que no me puedo callar, y si encima veo una injusticia, todavía menos.
      Gracias, Inma.

  • sayaka
    Responder

    gracias por el libro.feliz fin de semanageneric cialis

  • Genericcialisonline
    Responder

    I appreciate what you are doing in this series of articles but you have overlooked one of the most important movements in American poetry, the one begun by Robert Bly in the 50s. His translations of the South American and European poets (from Neruda to Transtromer) and his extensive commentaries in his magazine (50s, 60s, 70s) addressed the problems you raise in this article. He specifically spoke to the problems in O»Hara»s and Ashbery»s work, in depth). Bly and other poets, notably William Stafford (see his poem A Ritual to Read to Each Other) did develop a very different poetry than the one you are speaking of here. Bly»s extensive lecture and workshop schedule throughout his career and his refusal to enter the MFA world through affiliation with a university exposed millions of Americans to poetry. His translations and his own poetry sold well but unsurprisingly his work is not represented in any work that is taught in MFA programs in the US for he committed the great sin of becoming successful while at the same time attacking the literary establishment. You forgot as well the work of Mary Oliver whose books also sell well and many of whose poems are repeated by memory by thousands who love her work. The points you raise are important but equally so is recognizing those like Bly who brought awareness to all of us of the work of Lorca, Neruda, Vallejo, Jiminez, Trakl, Kabir, Maribai and so many more.

    • Eugenia Dalmau
      Responder

      I was just talking about my disagreement with Neruda´s behavior concerning his daughter. Anyway, thank you for your comment and for introducing poets like Bly and Mary Oliver.

Deja un comentario